Jesús Mario, con la ética al timón

Hay algo que Jesús Mario Caballero García considera más valioso que su profesión misma, y que cuida, cual tesoro, en su actuar cotidiano. La ética de un chofer es todo para él, quien se ha consagrado por casi 38 años al sector, y no pierde oportunidad para inculcarles a los más jóvenes cómo hacer uso de ella al conducir un ómnibus.

 

“Esa ética no está escrita, se adquiere con la experiencia. Y yo la considero indispensable, porque como choferes debemos intercambiar con personas de todo tipo, que a veces nos hablan mal, se molestan porque la guagua se demoró, y se les debe una explicación siempre, tratarlos con la mayor delicadez, gentileza, no maltratar al pueblo al que nos debemos.”

“Por otro lado, siempre les digo a los choferes nuevos a quienes debo entrenar que el primer escalón de la guagua es la acera, que cuiden la forma de conducir, los frenazos, las salidas, para proteger a los pasajeros, muchas veces ancianos, que pueden darse un golpe o caerse mientras buscan un asiento, si salimos muy bruscamente. Insisto en que hay que tener mucho tacto. Cuando los veo desempeñarse bien con estas lecciones, me satisface mucho, me lleno de orgullo.”

De sus enseñanzas se han nutrido más de 150 choferes, incluida la segunda mujer que maneja un ómnibus en Cuba, con quien hizo una de sus mejores obras, “por haberla ayudado incondicionalmente a cumplir su sueño.”

A esos valores que según él, son imprescindibles para ser un buen chofer, como la honradez, la humildad y la laboriosidad, debe los reconocimientos que ha recibido en toda su carrera.

“Casi todo el tiempo en el día lo dedico a este lugar, sin mirar el salario, u otras cosas materiales, a veces hasta enfermo. A veces donde vivo he quedado incomunicado por las lluvias, y yo salgo con una ropa vieja, cargo la otra en el bolso y me cambio en la guagua.”

Identificado entre los suyos como un ejemplo a seguir, un consagrado “guagüero”, un hombre serio y responsable en el trabajo, no le faltan los méritos que el propio pueblo le ha dado, al reconocerlo como uno de los choferes más amables y considerados que tiene Holguín. En 2018 fue distinguido como personalidad destacada de la provincia.

“La sensibilidad es algo que no debemos perder. Con las personas discapacitadas, embarazadas, mujeres con niños, me paro del timón y les doy la mano, he hablado con la gente para que le den el asiento. No he hecho nada más que cumplir con la humanidad.”

“Hay que tener sentido de pertenencia, sentirse como pueblo. Cuando uno llega a la parada debemos pensar en que en cualquier momento uno puede ser ese pasajero que está de desesperado por llegar a su casa a resolver sus problemas, y quisiera ser tratado con la misma delicadeza. Eso te permite acostarte por la noche y saber que hiciste algo bueno, y si has hecho algo malo solucionarlo, corregirlo.”

El también instructor de conducción desde los 29 años, se desempeña con absoluta entrega en Ómnibus Urbanos Holguín, donde ha manejado rutas como Alcides Pino, Las Biajacas, y finalmente el P1 Ciudad Jardín-Hospital Clínico desde hace 12 años.

Conduce el único ómnibus articulado que existe en la provincia, recuperado con sus propias manos.

“Que mi guagua se rompa, es algo que no me deja dormir. Yo me dediqué a tiempo completo a reparar asientos, chapisterías, luego la parte eléctrica, hasta que lo echamos a andar. Y ahí estamos, prestando servicio. Siempre con el amor, y el sentido de pertenencia hacia mi carro, yo mismo soy el mecánico de todos los que he tenido.

Padre orgulloso de dos hijos, Caballero García asegura que también le debe a su familia, a su esposa especialmente, su constancia en el sector.

“Mi familia me apoya mucho. Mi esposa, siempre al pendiente de lo que necesito, porque ya uno tiene achaques de la edad. Dándome ánimo todo el tiempo, motivándome, porque la familia se sacrifica tanto como el propio chofer para que uno esté en el puesto de trabajo siempre que se le necesite, incluso cuando pasan ciclones y otros eventos.”

Con la misma pasión conque habla de sus años de trabajo, y su amor por la profesión, se refiere al potencial humano tan valioso con que cuenta el sector del transporte, no exento de errores, equivocaciones, pero en su mayoría muy sacrificado y comprometido.

A sus casi 66 años, Jesús Mario admite que su trabajo le exige mucho, pero sentirse apoyado y respetado por su dirección y compañeros, le ha retribuido todos sus desvelos.

A él le alcanza con hacer el bien. Consciente de lo que han significado los últimos tiempos para los transportistas, espera su día “en medio de muchas limitaciones de recursos, adversidades, pero con el mismo entusiasmo, como si lo tuviera todo.”

Asume que vive una etapa en la que quedará también escrita la historia de los transportistas que no flaquearon, que no se hicieron a un lado.

“Lo primero es trabajar con el mismo deseo, sin intereses individuales, porque esta batalla contra la pandemia es por el bien común, de nuestras familias y de nuestro país. Hay que asumir esto como país, no tenemos recursos e inventamos, hacemos nuestras gestiones personales, buscamos una zapatilla, una correa en la calle, conseguimos una goma a medio andar, una batería, cualquier cosa que aporte una solución.”

“Este es el momento de demostrar lo que significa ser un transportista, cuando tenemos problemas, cuando nos crecemos ante ellos, pero no nos hemos parado, siempre con nuestras sonrisas y tratando de hacer las cosas mejor.”

Su lucha diaria, a lo que “le mete el pecho” además de mantener con vida a su carro, es el cumplimiento estricto del deber, para acostarse siempre con la satisfacción de haberlo hecho bien, de poder hacerlo mejor mañana y de educar, con el ejemplo, que es la mejor manera de fomentar valores.

Fuente: Radio Holguín La Nueva   Por: Grethell Cuenca Durán